domingo, 26 de julio de 2009

Las visitas.

¡No tengo nada que decirte, por favor no insistas!

Siempre que conversaban se sentía presionada a decirle cosas importantes, pedirle disculpas o agradecerle algo.....eso la cansaba enormemente. Según todos, eso es lo que debía hacer para llevar una buena relación con él....

De pronto, escuchó su voz diciéndole: no necesito que me digas nada, te conozco muy bien. Y para qué querría yo que me agradecieras nada si no he hecho nada particularmente importante por ti...tú haces la mayor parte....y respecto a pedirme disculpas, hay algo que yo deba perdonarte? Lo ves? No te sientas así. No es bueno para nuestra relación que cada vez que vienes a verme, te sientes frente a mí con esa actitud nerviosa y molesta. Si piensas hacerlo cada vez que nos vemos, entonces ¡es mejor que no vuelvas! Me basta con que me recuerdes con amor y me envíes un saludo afectuoso. Yo siempre estoy pensando en ti, pero no para presionarte, si no simplemente porque te amo. Así es que ahora vete y sigue con tus asuntos....yo tengo muchísimo que hacer también.....y me lo piden todo para ayer....también estoy cansado....pero en fin, ¡para eso estamos!

Al decir esto último su risa llenó el lugar.....Y sin que ella se percatara, el párroco se acercó y le preguntó: Hija, vienes a confesarte?.....Ella lo miró como si despertara de un sueño y sin pensar, le dijo: no padre, él me dijo que no era necesario! Y mirando hacia atrás sonrió. Luego caminó tranquila hasta la salida.

miércoles, 22 de julio de 2009

Volvieron a casa

Cuentan que ya muy poco le hablaba. Tampoco la miraba mucho o cuando estaba presente, muchas veces la ignoraba. Ella seguía su vida sin entender mucho el por qué del cambio y aunque le era doloroso, nunca lo cuestionó ni le reprochó. Pasaban los años y él cada día se volvía más huraño, taciturno, melancólico....ella seguía haciendo para él aquellos panes que tanto disfrutaba y continuaba avivando el fuego de la chimenea cuando él se acomodaba a leer en su sillón....seguía limpiando su cenicero y arreglando los papeles que dejaba tirados por ahí. Un día, ya pasado tanto tiempo que el sentir se volvió costumbre, lo vio llorar con ojos sorprendidos....con uno de sus guantes entre las manos la llamó....gritó su nombre y ella no entendía el por qué de su desesperación..."estoy acá!, que no me ves?" y de improviso él calló....se hizo el silencio y tras un destello, él enjugó sus lágrimas y una gran y brillante sonrisa se instaló en su rostro. "Estabas acá!"...."nunca te fuiste".....ella no entendió nada, pero le dio igual....le tomó la mano y juntos caminaron por un sendero nuevo que ninguno conocía, para perderse en una luz cálida, desde donde se escuchaban vítores que los recibían, como si ambos hubiesen regresado a casa.....