¡No tengo nada que decirte, por favor no insistas!
De pronto, escuchó su voz diciéndole: no necesito que me digas nada, te conozco muy bien. Y para qué querría yo que me agradecieras nada si no he hecho nada particularmente importante por ti...tú haces la mayor parte....y respecto a pedirme disculpas, hay algo que yo deba perdonarte? Lo ves? No te sientas así. No es bueno para nuestra relación que cada vez que vienes a verme, te sientes frente a mí con esa actitud nerviosa y molesta. Si piensas hacerlo cada vez que nos vemos, entonces ¡es mejor que no vuelvas! Me basta con que me recuerdes con amor y me envíes un saludo afectuoso. Yo siempre estoy pensando en ti, pero no para presionarte, si no simplemente porque te amo. Así es que ahora vete y sigue con tus asuntos....yo tengo muchísimo que hacer también.....y me lo piden todo para ayer....también estoy cansado....pero en fin, ¡para eso estamos!
Al decir esto último su risa llenó el lugar.....Y sin que ella se percatara, el párroco se acercó y le preguntó: Hija, vienes a confesarte?.....Ella lo miró como si despertara de un sueño y sin pensar, le dijo: no padre, él me dijo que no era necesario! Y mirando hacia atrás sonrió. Luego caminó tranquila hasta la salida.
